Neuroma de Morton
WarningAlso called: metatarsalgia de Morton, nervio pellizcado en el pie, neuroma de Morton, neuroma del pie, neuroma interdigital, neuroma intermetatarsiano, neuroma plantar
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Qué significa
Entre los huesos largos que llevan a los dedos del pie (los metatarsianos) discurren pequeños nervios que dan sensibilidad a los dedos. Cuando uno de estos nervios —con mayor frecuencia el que va entre el tercer y el cuarto dedo— se comprime de forma repetida, el tejido que lo envuelve se engrosa y forma cicatriz. Ese haz engrosado e irritado es lo que se llama neuroma de Morton. A pesar del nombre, no es un verdadero tumor de células nerviosas; se describe mejor como una hinchazón reactiva, algo así como un callo que se forma alrededor de un nervio en lugar de sobre la piel.
Por qué aparece en un informe de TC o RM
La resonancia magnética y la ecografía son las formas habituales de visualizarlo, mostrando una pequeña masa de tejido blando bien definida entre dos cabezas metatarsianas, típicamente en el tercer espacio interdigital y, con menos frecuencia, en el segundo. El informe indica su tamaño en milímetros y señala si hay líquido acumulado en la cápsula articular cercana (bursitis intermetatarsiana), un hallazgo que suele acompañarlo. La TC es menos útil para este tipo de hallazgo de tejido blando y normalmente no es la primera opción, salvo que se haya realizado por otro motivo y lo haya detectado de forma incidental.
Qué suele significar
Un neuroma detectado en un estudio de imagen no significa automáticamente que sea el origen del dolor: los neuromas pequeños aparecen en imágenes de pies que no duelen en absoluto, sobre todo en personas que llevan años usando zapatos estrechos. Cuando sí produce síntomas, el patrón clásico es un dolor ardiente o sordo en la planta del pie, que a menudo se irradia hacia dos dedos, empeora con zapatos ajustados o de tacón alto y mejora al ir descalzo. Algunas personas lo describen como sentir una piedrecita o un pliegue del calcetín bajo el pie. La mayoría de los casos responde bien a un tratamiento conservador: cambiar a zapatos más anchos y de tacón bajo, usar una almohadilla metatarsiana o una plantilla a medida para separar los huesos, y ajustar la actividad. Una infiltración con corticoides puede calmar un brote. La cirugía —extirpar el tejido engrosado o liberar el ligamento que lo comprime— se reserva para los casos que no mejoran tras un ensayo real de tratamiento conservador, habitualmente de varios meses.
Cuándo consultar
Si el hallazgo es leve y el dolor es manejable, empieza por cambiar de calzado y usar una plantilla de soporte antes de buscar otros tratamientos; muchas personas mejoran en cuestión de semanas. Acude a un podólogo, a un especialista en pie y tobillo o a tu médico si el dolor persiste más de unos pocos meses, limita cuánto puedes caminar o hacer ejercicio, o reaparece a pesar de haber cambiado de calzado. El entumecimiento que no se resuelve, el dolor que se extiende o un bulto que puedes palpar y presionar para reproducir el dolor son cosas que conviene comentar en esa consulta. Este hallazgo no es urgente y no requiere una evaluación de emergencia.
Una forma sencilla de imaginarlo
Imagina una manguera de jardín que pasa entre dos piedras de un camino colocadas muy juntas. Cada vez que alguien pisa, las piedras pellizcan un poco la manguera. Repite eso miles de veces al día, día tras día, y la manguera desarrolla un bulto engrosado y sensible justo en el punto donde se comprime. Al separar un poco las piedras —el equivalente a usar zapatos más holgados y una plantilla que reparta la presión— se quita la presión y la irritación puede calmarse.
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